
Veo caer, pero nunca sé si es cierto, nunca me creo del todo. Lo mas cómico es cómo uno puede mentirse a si mismo (esa trampa a la que tan fácil quedarse enredado), a veces sin siquiera notarlo. Y ahora que lo pienso de nuevo, tal vez esa sea la esencia de la caída, pero actuando de todas formas de un modo más silencioso y escondido. Aún así hiere, con fuerza de mar y diente de lobo, encarnándose y dejando a lo último ese gusto amargo que tanto siento y que tanto me cuesta develar su origen.
Es también un poco de algún instinto humano de los tantos heredados. Si habrá de surgir el masoquismo en situaciones innecesarias, en cuestiones de estabilidad, de lo que podría considerarse como completa. Ese querer darse una vuelta por el fondo que nace del interior, ese incomprensible anhelo por la oscuridad que conduce a los planteamientos más profundos, que mientras más asustan, más acaban enseñando al fin y al cabo.
Buscar crecer y agigantar cada espacio que nuestro saber en potencia deja a nuestra disposición para ser llenado, ser conciente de todas las existencias posibles, y tratar de tolerarlas en caso de no tener una simpatía por ellas. Nacer una y otra vez como sumergido en una laguna de hambre de vivir, sea con la rosa entre los dedos, o con las espinas.
Buscar crecer y agigantar cada espacio que nuestro saber en potencia deja a nuestra disposición para ser llenado, ser conciente de todas las existencias posibles, y tratar de tolerarlas en caso de no tener una simpatía por ellas. Nacer una y otra vez como sumergido en una laguna de hambre de vivir, sea con la rosa entre los dedos, o con las espinas.
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