
Lo que más me asombra de todo este sistema de elementos, que no dejan de relacionarse magnética o existencialmente o de alguna otra forma incomprensible y tal vez indescifrable para el hombre, es su tamaño y la importancia del ser humano ante tal magnitud. ¿Qué significado tiene para todo lo que no pertenece al planeta tierra el arduo trabajo diario para poder ser felices, los billetes, las rutinas, el estrés, la moda, las culturas? ¡Los caprichos! Mierda que somos insignificantes.
Mi objetivo no es redactar una nota precedente a un posible suicidio ni buscar motivos para hacer al día un poco mas deprimente, pero el hombre cree que está más allá de todas las cosas, y que con su insistencia egocentrista en el avance tecnológico e intelectual concebirá en algún futuro un poder magistral y único. Pero cuando volvemos al macrocosmos, a esa instancia en que todas las longitudes se expresan en millones de kilómetros, claramente se pierde en la nada misma y es en ese instante cuando caigo a fin de cuentas. Las personas son indescriptiblemente diminutas y los asuntos o problemas que conllevan (sin siquiera ser tangibles) lo son aún más. Entonces por qué motivos ha de ser la soberbia tan desmedida y sobrante de parte del hombre hacia la naturaleza, si es ésta quién lo cobija incondicionalmente.
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