
Veo caer, pero nunca sé si es cierto, nunca me creo del todo. Lo mas cómico es cómo uno puede mentirse a si mismo (esa trampa a la que tan fácil quedarse enredado), a veces sin siquiera notarlo. Y ahora que lo pienso de nuevo, tal vez esa sea la esencia de la caída, pero actuando de todas formas de un modo más silencioso y escondido. Aún así hiere, con fuerza de mar y diente de lobo, encarnándose y dejando a lo último ese gusto amargo que tanto siento y que tanto me cuesta develar su origen.
Buscar crecer y agigantar cada espacio que nuestro saber en potencia deja a nuestra disposición para ser llenado, ser conciente de todas las existencias posibles, y tratar de tolerarlas en caso de no tener una simpatía por ellas. Nacer una y otra vez como sumergido en una laguna de hambre de vivir, sea con la rosa entre los dedos, o con las espinas.



